Wednesday, October 27, 2010

propuesta de portada sué
Sebastian Rico Esenaro
Domingo por la tarde en San Ildefonso.
(Reporte sobre la exposición de José Clemente Orozco)

México esta entrando en una nueva etapa de su vida, esta alcanzando una madures violenta, es un país que sangra y agoniza mientras se traga el llanto. Es un lugar políticamente definido, pero a su vez cada lugar dentro de él es diferente y con una cultura de muerte que impregna nuestros orígenes, que acentúa nuestra historia, que endulza nuestros panes y seduce a nuestro arte.

Es un espacio lleno de gente sumisa, con mucha sensibilidad a causa de la geografía, porque es la imposición del paisaje y la contundencia de nuestra naturaleza la que educa rústicamente nuestro sentidos. La cultura mama de la tierra. Ya sea en los costas llenas de consuelo y basura o en las estruendosas ciudades retacadas de relaciones sistémicas. Este contexto hace que haya un agujero dentro de las personas, una conciencia colectiva de frustración y sometimiento, de desinterés y conformismo pero también de esperanza y de fe. Una sociedad susceptible a su entorno natural, político, económico y humano.

Hay países que envidian nuestra cultura y no me refiero al cliché del extranjero enamorándose del mole poblano, me refiero a un sábado en el centro histórico de la ciudad de México, un recorrido por la lagunilla donde se pueden ver la resistencia de ese mestizaje cultural que se aferra en las calles y la contundencia de la cotidianidad; en estos sitios se percibe una cultura con fisuras y a veces con síntomas de atrofio, se pueden notar también fuertes corrientes de relaciones sociales y de comercio que requieren de un análisis más profundo, lo envidiable esta en la abundante variación cultural.

Solo que hay un problema, este exceso genera un desenfoque cultural, neutralizando todo el potencial de desarrollo social y en consecuencia el desarrollo artístico.

Desafortunadamente hay un desequilibrio en el entorno del mexicano ya que la mala política y la falta de una buena economía arrebatan la atención y el aliento de la gente, los que gobiernan deshumanizan sus responsabilidades y los afectados solo piensan en conseguir el símbolo de la estabilidad moderna: $. Esta situación ha generado una especie de ciclo sangriento que acontece con constancia, 1519, 1810, 1857, 1910, 1968, 1994, 2000, 2011, (por mencionar algunas fechas).
Como consecuencia: una contemplación al humano deficiente, casi ausente.

Pero hubo un grupo de personas que sentían que podían decir algo a la gente, artistas que estaban conscientes del poder de su imaginación y del impacto social de su creatividad, entre ellos había un manco en particular llamado José Clemente Orozco.

Tapatío y con bigote corto. Este hombre que pintaba bien, hizo imágenes que hablan de historia, de ideales, de fuego y de muerte. Sus trazos no mienten y con su única mano, que parecía la de veinte hombres, plasmó una preocupación que actualmente esta sedada en los artistas contemporáneos. Una responsabilidad social que lo encausó a narrarle a los del presente y los del futuro acerca de los del pasado.

Ahora puede parecer molesto tener que recordar algo que queda tan atrás. Incluso borramos la historia nuestra, por darle prioridad a estrategias pedagógicas en pos de la modernidad y la efectividad. Resulta más importante un mingitorio en un museo (sin menospreciar su valor), que la escuela, las técnicas y los procesos de los muralistas mexicanos. Está bien saber de las rupturas vanguardistas europeas y es muy sano saberlo. Pero lo que no es inteligente, es olvidar lo poco que tenemos aquí, ni aferrarnos con ciega devoción a una tradición casi extinta: El muralismo.

Creo que no está demás cuestionar por qué no nos enseñan a pintar las paredes con la maestría que alguna vez se hizo. En pensar ¿Porqué permitimos que borren en los libros de texto, la historia prehispánica para mandar a los alumnos a un taller de carpintería? ¿Porqué contemplamos con paciencia, el recorte presupuestal en las áreas de cultura y educación, para fortalecer la violencia? ¿Porqué financiamos una guerra? ¿Estamos de acuerdo con los métodos de enseñanza artística? ¿Por qué no decimos nada?

Aprendí cosas importantes acerca de la ruptura y del olvido; en una ocasión conocí el trabajo de un compañero que consistía en romper platos y armar con los trozos un plato nuevo y raro: La ruptura deja escombros de oro, mientras que el olvido lo devora todo.

Orozco vino en una tarde de domingo a recordarme estas cosas, no con los bocetillos que abundaban en la exposición sino con las fotos mal trabajadas de sus murales en todo el país y los murales dentro del museo.

Si bien la exposición que se encuentra en el museo de San Idelfonso, puede interpretarse como un intento desesperado por confirmar un sobrevalorado espíritu nacionalista, muestra aspectos muy interesantes fuera de las ideologías políticas, que exhiben un humor ácido para consolar una visión bastante trágica del pasado.

Orozco hizo con su obra un melodrama sobre la historia mexicana, un hombre impulsado por el frágil espíritu de renovación proveniente de la revolución, a pintar en las paredes de edificios gubernamentales imágenes que hablan del mal gobierno, de rebeldía, de sumisión, de dolor y de ausencia.

En este recorrido me llamó la atención ver que los que verdaderamente ganaron la revolución, Orozco los muestra aún como derrotados, imágenes que hablan de una verdad que a más de un lustro pesa más y más: los mexicanos estamos derrotados ante un anhelo de modernidad. Protegidos en agonía por una Malinche que no sabe decir no. Y perdidos como pueblo porque los que proponen el camino están ausentes o tienen miedo.

La única manera de alcanzar la modernidad es atendiendo nuestra obsoleta presencia y rompiendo nuestra cultura por medio de la creatividad y la experimentación, para armar el caos de los aciertos y lo errores. Romperlo otra vez y esperar. Por último responder a las consecuencias sean malas o buenas.

La NUEVA SANGRE

Tuesday, October 26, 2010

Ensayo sobre la ceguera que provoca todo lo que hay para ver.

Estimados homínidos, les propongo para la primera edición un ensayo que hice a partir del tema de la diversidad en la contemporaneidad; que seguramente tiene que ver con el tema de lo nuevo, desde el punto de vista de la actualidad.


  1. Para tratar el tema de la contemporaneidad creo que son de más importante los conceptos de diversidad, novedad e inmediatez. Tanto el desarrollo de las tecnologías como el avance de las libertades ideológicas han sustentado el derrame de información que experimentamos en la actualidad; a pesar de las restricciones que tratan de controlar el contenido de los diversos medios de comunicación sabemos que es posible encontrar exactamente lo que se busca si se sabe cómo. Tenemos pues un banquete inmenso de información, difícil de categorizar o enlistar; que responde al fenómeno de la superpoblación mundial, tendencias, gustos, cosmogonías, todo generando conocimiento a un ritmo sin tregua.
  2. Esta diversidad hace utópica la idea de entender algo en su totalidad, tantos puntos de vista dejan a la objetividad en un marco risible por su insuficiencia al considerar todas las partes de la información.
  3. En cuanto a la categorización para el estudio de los fenómenos culturales, nos encontramos con que el constante bombardeo de conocimiento enceguece los límites que podrían ser usados para la delimitación por su amplitud. De esto deriva un problema de valor que es síntoma de la patológica expansión de la información: ¿cómo reconocer una partícula valiosa? Los fenómenos de control de información para las masas como el Super Star funcionan como picos de la pirámide, es decir, una convención impuesta de valor que sirve de referencia por lo menos en cuanto a popularidad, pero sería ingenuo considerar un sistema de valor prefabricado como lo legítimo en cuanto a trascendencia cultural.
  4. ¿Qué sucede con el resto de los hechos que no se manifiestan en medios de distribución masiva? Pierden valor en cuanto a la trascendencia general en la cultura, pero ontológicamente deberían ser considerados al mismo nivel. Por lo tanto la cantidad inabarcable de información devalúa inmediatamente cualquier avance o proyecto que no esté insertado en los sistemas de difusión.
  5. Por otro lado aún la información expuesta al alcance de todos no está exenta de su devaluación pues al encontrarse junto con millones de nodos de información similares pierde su “aura”, su noción de originalidad; es el caso de un fenómeno reciente, el que me gusta denominar BloggerFagia, hasta hace algunos años no era posible la exposición aleatoria de información puesto que los usuarios no contaban con interfaces amigables, el lenguaje de codificación de la red era cosa de especialistas; con portales como my space y Blogger la difusión de la información en linea pasó a ser un tema clave de nuestra actualidad, cualquier individuo tiene la posibilidad de difundir su producción de manera ilimitada, sin restricciones causadas por la nacionalidad o el estrato social. Luego, poco a poco son más los usuarios interesados en ramas específicas de la gestión cultural que cada vez con más frecuencia visitan adictivamente los blogs que se actualizan por minuto, repasando con un ojo indiferente toda la información sin valorar cada entrada como algo único. Este fenómeno representa la contemporaneidad.
  6. El estudio del conocimiento se asimila como un problema que se intenta resolver con nomenclaturas que abarquen tendencias incluso aún difusas; las mismas taxonomías contribuyen a la confusión, puesto que a la vez varios autores describen el mismo fenómeno con diferentes nombres y razones que a veces tienen que ver más con la lírica intelectual que con la descripción entendida y bien fundada. Si se quisiera controlar el flujo de información en un nivel eficaz se corrompería la facultad humana de su desarrollo individual. Existen también estratos como el del mini super star que se desenvuelve en pequeños marcos de convención, grupos aislados, a veces congruentes a veces no, que intentan trabajar al unísono por una ideología común; algo así como la microcultura y la macrocultura.
  7. La manera de legitimizar un fenómeno reside en los medios de control, el conocimiento al servicio del más poderoso. Por eso, en cuanto al arte, los movimientos radicales y transgresores que conocemos terminan siempre en los museos nacionales. Luego, qué importan los museos si se puede vender obra a los coleccionistas, oferta y demanda, siempre pendiendo de la subjetividad del que posee el dinero. Ergo, nuestro entendimiento de la “evolución” del pensamiento artístico depende de la sección específica que se haya adaptado a los gustos de un observador subjetivo. La memoria histórica es un cuento enmarcado en páginas de libros o en portales de Internet.
    Rubén Romero, mayo 2010.
krowitna@gmail.com
www.provisionall.blogspot.com

1.



-Una versión para logotipo. Y después otra.